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EYACULAR FUERA: ¿RIESGOS?

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¿Me puedo quedar embarazada si ha eyaculado fuera de la vagina? Es una de las preguntas que recibo casi a diario con sus variantes… ¿Si he eyaculado fuera pero he tocado el semen y luego he tocado la vulva de mi pareja? ¿Si ha eyaculado encima de las bragas pasa algo? ¿y cerca de la entrada de la vagina hay riesgo de embarazo? ¿Si no ha usado preservativo y ha habido penetración pero ha eyaculado fuera me puedo quedar embarazada?

Aspectos a tener en cuenta:

– Si no ha habido contacto entre genitales, ni eyaculación dentro de la vagina o en la entrada de la misma, no hay riesgo de embarazo.

Siempre que haya penetración sin usar algún método anticonceptivo es posible el embarazo aunque no se haya eyaculado dentro de la vagina. Esto puede ocurrir porque el líquido preseminal puede contener espermatozoides de anteriores eyaculaciones.

– Dentro de la vagina los espermatozoides pueden vivir hasta 3 días, pero fuera mueren a los pocos minutos de entrar en contacto con el aire.  Sin embargo, si se eyacula en la entrada de la vagina el riesgo existe. También si se eyacula en los dedos e inmediatamente después se introducen en la vagina. Aunque son prácticas de menor riesgo que eyacular directamente dentro, la posibilidad está.

No es posible el embarazo si tenemos sexo con la ropa puesta, ya que los espermatozoides no atraviesan la ropa, tampoco las bragas.

– El riesgo de contraer una infección de transmisión sexual (ITS) existe siempre que haya intercambio de fluidos (sangre, semen, flujo vaginal), penetración anal, vaginal o sexo oral y no se utilice preservativo. El preservativo femenino y masculino es el único método que protege de las ITS.

Si vas a eyacular fuera pregunta siempre sobre qué zonas puedes hacerlo ya que ciertas partes del cuerpo pueden resultar molestas para algunas personas, como la cara y sobre todo los ojos.

CUANDO NO HAY PENETRACIÓN

people-2589817_1920¿Qué es lo que nos viene a la cabeza cuando pensamos en cómo es o debe ser un encuentro sexual? Piénsalo unos segundos…

Solemos recrear la imagen de un encuentro entre dos personas jóvenes, mujer y hombre, en el que tras unos pocos besos y caricias, la mujer pasa a hacerle sexo oral a él, el hombre a ella (con suerte) para luego terminar con coito y finalizar con el orgasmo masculino después de que ella haya conseguido (o no, o fingido) también su orgasmo.

Tenemos un gran abanico de prácticas sexuales para realizar y sin embargo seguimos sin concebir la relación sexual sin penetración o pensamos que el encuentro no es completo si no ha habido coito.

En nuestra sociedad actual asumimos un modelo de goce genital y finalista debido a la tradición cristiana en la que las relaciones sexuales tenían como único fin la reproducción. Sin embargo, ¿cuántas de las veces que mantenemos relaciones sexuales son para reproducirnos? … las que menos, ya que también las tenemos por placer o como forma de intimar y comunicar.

Entonces, ¿por qué nos seguimos empeñando en tomar este modelo como el único y más satisfactorio? Si tomamos este modelo como el más válido, dejamos fuera de la relación sexual a personas con dificultades o imposibilidad para realizar la penetración, personas mayores, personas con diversidad funcional, parejas homosexuales o simplemente momentos en los que por cualquier motivo, como una infección por hongos o no tener un condón a mano, no sea posible la penetración.

A una gran parte de mujeres no se les educa y enseña en su placer, llegan a las relaciones sexuales sin saber cómo funciona su cuerpo, con este modelo coitocentrista en la mente, que no es el más apropiado para disfrutar debido a que el coito sin estimulación del clítoris suele resultar insuficiente para alcanzar el orgasmo en la mayoría de mujeres, lo que les acaba produciendo una gran frustración.

Las relaciones sexuales incluyen mucho más que los genitales, su estimulación y la penetración. Tenemos mucho cuerpo para acariciar, besar, chupar… con cantidad de zonas erógenas y sensibles al placer que nos permiten disfrutar de una amplia cantidad de prácticas por sí mismas y no solo como “preparación” para el coito.

Por otro lado, el orgasmo es una parte más de la relación sexual y del placer pero no tiene por que ser el objetivo ni el fin. Son muchas las veces en las que se disfruta más del camino en una relación sexual en la que no se ha llegado al orgasmo, que en otras en las que alcanzamos el clímax pero no hemos disfrutado del encuentro erótico.

Las mujeres no necesitamos el pene para disfrutar, por ejemplo las mujeres homosexuales disfrutan mucho de su sexualidad sin recurrir a la penetración, al igual que muchos hombres también disfrutan de las caricias por todo el cuerpo. Con esto no quiero decir que desterremos el coito, sino que lo tomemos como una práctica más en las relaciones heterosexuales para enriquecer nuestra vida erótica. Centrar la relación en el coito y en torno al pene es limitar mucho el placer sobre todo de la mujer, limitar el tiempo, ya que cuando el hombre termina se termina la relación sexual y en general limitar el disfrute y nuestra sexualidad.

FINGIR ORGASMOS

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¿Fingimos orgasmos las mujeres? ¿cuáles son los motivos?

Pues sí, según un estudio realizado este año en España por LELO, una de las marcas líderes en el mercado de productos eróticos, el 74% de las mujeres llega al orgasmo siempre que se masturba y sin embargo, solo el 46% los tiene durante las relaciones sexuales. Más de la mitad de las mujeres dicen que fingen sus orgasmos y además un 40% lo hacen para hacer sentir bien a su pareja.

Otros motivos por los que se finge es por cansancio, estrés, falta de deseo, para terminar la relación sexual antes o para sentirse excitada.

Estamos en el 2019 y aún sigue habiendo diferencias en la educación sexual de hombres y mujeres. A ellos se les alienta y permite más en cuanto al sexo, y a ellas en muchas ocasiones se las sigue clasificando cómo frígidas y monjas o como putas y fáciles.

Muchas mujeres siguen poniendo el placer del otro por encima del suyo, no vaya a ser que dañen el ego del hombre… Parece más fácil fingir el orgasmo que comunicar a la pareja nuestras necesidades y cómo conseguirlo.

Si seguimos fingiendo, estamos diciéndole al otro que lo que está haciendo nos gusta y es eso lo que tiene que seguir haciendo para que alcancemos el clímax. Si se sigue fingiendo de forma continua, puede llevar a que la dinámica de las relaciones sexuales se siga repitiendo con posturas y prácticas en las que no se consigue disfrutar ni alcanzar el orgasmo. Esto puede acarrear una disminución del deseo por no tener ganas de repetir lo mismo sin obtener el placer que quisiéramos, sumándole además el esfuerzo de tener que fingir el orgasmo.

La falta de educación sexual sobre el cuerpo y el placer de la mujer es uno de los principales motivos de que esto ocurra. Si además añadimos que esta educación se basa en el porno donde vemos como las mujeres alcanzan fantásticos orgasmos muy rápidamente mediante la penetración, las creencias acerca del placer femenino pueden ser erróneas. Muchas mujeres y muchos hombres siguen pensando que la penetración es suficiente para que la mujer alcance el orgasmo, llegando a pensar que son “raras” o su cuerpo no funciona bien si no consiguen el orgasmo así, lo que les puede llevar a fingir.

El clítoris es el principal órgano de placer, cuenta con miles de terminaciones nerviosas y su estimulación es imprescindible en la mayoría de mujeres para alcanzar el orgasmo.

Debemos empezar a cambiar el fingir por el comunicar para comenzar a disfrutar. Si la mujer tiene orgasmos sola y por tanto sabe cómo conseguirlos, lo mejor es comunicarlo a la pareja. Aplicar la asertividad sexual que nos va a permitir comunicar nuestras necesidades y gustos, así podremos decirle a la otra persona cuál es el mejor camino para alcanzar el orgasmo, pero siempre respetando y teniendo en cuenta también las necesidades de la otra persona para que no se sienta herida o juzgada. Para ello tenemos que normalizar el hablar de sexo y no sentirnos incómodas por pedir aquello que nos satisface. Puede que al principio nos cueste un poco pero cuando empezamos y vemos los buenos resultados cada vez nos irá costando menos. También durante la relación sexual podemos comunicar de manera positiva lo que nos gusta, por ejemplo “me encanta cuando me tocas aquí o de esta manera” o mediante gestos cogiendo la mano de la otra persona y guiándola.

Cada persona es única en su sexualidad y en su forma de vivirla, reconozcamos nuestro cuerpo y nuestro placer y hagámonos responsables de nuestros propios orgasmos.

Comunícate y déjate llevar con todos los sentidos, el objetivo debe ser disfrutar de todo el camino durante el encuentro sexual.

 

¿EL PENE SE PUEDE FRACTURAR?

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Sí, el pene no tiene hueso pero puede fracturarse. Puede ocurrir cuando se encuentra en erección y recibe un fuerte impacto, que en la mayoría de casos ocurre durante las relaciones sexuales con penetración, aunque también hay casos por masturbación muy enérgica.

Cuando el pene está en erección se llena de sangre por la dilatación de las arterias, llega a los cuerpos cavernosos que son un tejido esponjoso y se retiene la sangre por constricción de las venas, manteniendo la erección y rigidez del pene. Estos cuerpos cavernosos están rodeados por una envoltura fibrosa llamada túnica albugínea que puede romperse si se ejerce un fuerte golpe sobre el pene en erección.

Durante las relaciones sexuales con penetración, la postura que más fracturas de pene causa es aquella en la que la pareja está encima, haciendo así que el de abajo tenga menos control y pudiendo ocurrir que el pene salga y al volver a entrar golpee sobre la pelvis de la pareja produciendo la fractura con el impacto.

Cuando esto ocurre se oye como un chasquido y el pene pierde la erección, se produce un hematoma morado debido a que toda la sangre acumulada en los cuerpos cavernosos sale a los tejidos externos, produciendo el llamado “pene en berenjena” debido al hematoma y al aumento de tamaño abultado del mismo. Estos síntomas suelen ir acompañados de dolor en la mayoría de casos y cuando la fractura es más grave puede dañar la uretra produciendo sangre o dificultades al orinar.

Por tanto, no hay que dejar que se cure por sí solo, es una situación grave que hay que atender lo antes posible para que no haya complicaciones. Si te ocurre alguna vez, deja la vergüenza atrás y acude lo antes posible al médico de urgencias, ya que generalmente requiere de intervención quirúrgica inmediata.

Si no se trata el problema, a la larga puede producir complicaciones o daños como incapacidad para lograr o mantener erecciones, pene desviado o corto por mala cicatrización o fibrosis, etc. Cuanto antes se acuda a urgencias para su diagnóstico y tratamiento, mejores resultados se tendrá en su recuperación.

¿QUÉ ES EL VAGINISMO?

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El vaginismo es una disfunción sexual femenina en la que se produce la contracción involuntaria de la musculatura que rodea el tercio externo de la vagina cuando se va a introducir el pene, impidiendo la penetración vaginal y/o inserción de tampones, dedos, etc. Que haya vaginismo no significa que no haya excitación y lubricación. Se pueden tener orgasmos y disfrutar de otras prácticas sexuales.

Siempre hay que descartar que la causa sea una patología orgánica que esté produciendo dolor. Pero en la mayoría de los casos la causa suele ser psicológica.

Puede presentar diferentes dimensiones:

– El vaginismo primario es el que ha existido toda la vida y nunca ha sido posible la penetración. El secundario, se da tras una época en la que la penetración ha sido posible, pero a partir de un momento determinado empieza la dificultad.

Vaginismo generalizado es cuando la penetración no puede darse bajo ningún concepto ni tampoco la inserción de tampones, etc. Situacional, se dan casos en los que la penetración vaginal es posible en algunas circunstancias pero no en otras, o se puede introducir tampones y dedos pero no el pene.

Como hemos visto, las causas psicológicas son las más frecuentes, siendo el miedo el principal motivo, sobre todo miedo al dolor, por cosas que se han oído o leído en torno a la penetración, o que se hayan experimentado ciertas molestias en algún momento.  No hace falta haber vivido una experiencia dolorosa, basta con tener la expectativa. Muchas mujeres acuden a la primera relación con penetración con la falsa creencia de que el primer coito duele y es un trámite por el que hay que pasar y esto no tiene porque ser así. También puede haber vaginismo por un miedo al embarazo, a las infecciones de transmisión genital,  desconfianza de los métodos anticonceptivos, educación religiosa estricta, abusos sexuales…

Debido a este miedo, el cuerpo anticipa el dolor apretando de forma automática e involuntaria los músculos vaginales, haciendo que la penetración pueda llegar a ser imposible y dolorosa. Este dolor intensifica la respuesta de constricción muscular llevando a una círculo de miedo-contracción-dolor que  puede acabar en evitación de la intimidad o pérdida de deseo.

Suele tener muy buen pronóstico y respuesta al trabajo psicosexual. Son muy necesarios modelos de una educación sexual que haga que las mujeres se conozcan, ya que mucha parte de este miedo es por desconocimiento. Trabajar mucho las creencias erróneas, relajación, desgenitalización y erotización de todo el cuerpo…

Si hay pareja, lo ideal es tratar de forma conjunta ya que es un problema que acaba afectando a ambos y el tratamiento junto a la pareja suele resultar muy efectivo.

COPA MENSTRUAL

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Esta es la cara sonriente que se me quedó cuando descubrí el cambio de los tampones a la copa menstrual. Me llegan muchas dudas preguntándome sobre la copa relacionadas con la talla, si es complicada de poner y quitar, cada cuánto hay que cambiarla, etc… en general, si merece la pena o no hacer el cambio de compresa-tampón a la copa menstrual.

Llevo unos meses utilizándola y me quedo con ella, mi experiencia ha sido muy buena por varios motivos:

– Es más higiénica y saludable ya que los materiales que se utilizan son hipoalergénicos (la mayoría silicona) y al recoger la sangre en lugar de absorberla como hacen los tampones, no resecan la vagina ya que mantiene su humedad.

– Es ecológica, dura unos 10 años, lo que supone que durante todo ese tiempo no estaremos tirando todos los desechos de los tampones y compresas. Lo que también es un ahorro económico.

– Para introducirla hay que doblarla (hay varias formas de hacerlo) y una vez dentro de la vagina se abre y vuelve a su forma quedando sujeta por las paredes vaginales, haciendo efecto de “vacío” y sin notar que la llevas puesta. Para retirarla puedes empujar un poco con tus músculos vaginales para que baje la copa y sea más fácil retirarla. Hay que introducir los dedos, apretar en la base un poco para romper el “vacío” que se queda y retírala con cuidado. Ten en cuenta que la copa no se pone tan arriba como el tampón, por lo que no tiene que resultar complicado localizarla. Al principio puede costarnos un poco colocarla y quitarla pero es cuestión de práctica y habituación.

– Tras retirarla con cuidado vaciamos el contenido en el váter o en lavabo (si queremos ver su color y consistencia) y la lavamos con un poco de agua antes de volver a introducirla. Antes de cada periodo debemos hervir la copa para esterilizarla siguiendo las instrucciones del fabricante.

– Puedes tener la copa hasta 12 horas dependiendo del flujo menstrual y el tamaño de la copa, pero en la gran mayoría de los casos no será necesario cambiarla antes. Esto es una gran comodidad ya que nos permite hacer muchas actividades en las que estemos fuera bastante tiempo como deporte o pasar un día entero en la playa sin la necesidad de tener que estar cambiándonos de forma más periódica.

– La talla que necesitaremos va a depender sobre todo de nuestro suelo pélvico que está condicionado por nuestra edad, tamaño corporal, si realizamos mucho deporte y si hemos tenido uno o varios partos vaginales. La gran mayoría de copas tienen dos tallas a elegir, una pequeña y una grande, pero hay marcas que cuentan hasta con cuatro tallas que van desde la S a la XL como es le caso de las que muestro en la foto (S y M de la marca Meluna).

– Las tallas pequeñas suelen ser para mujeres menores de 30 años y que no hayan tenido partos vaginales, mientras que las grandes para mujeres que hayan tenido parto vaginal o que  sean mayores de 30 años. Sin embargo, esto es relativo porque como hemos dicho el estado del suelo pélvico también dependerá de otros factores como la práctica de deporte o si se ha fortalecido mediante ejercicios de Kegel o uso de bolas chinas.

¿TRAGAR EL SEMEN?

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Una de las dudas más frecuentes que me llega sobre el semen es si tragárselo (uno mismo u otra persona)  es bueno o malo. Como veremos, si no existe ninguna infección de transmisión sexual, tragarse el semen no es ni bueno ni malo, se trata de una práctica sexual más que puede resultar excitante para algunas personas pero no para otras (por lo que debemos saber y respetar la opinión de la otra al respecto) .

Algunos aspectos a tener en cuenta son:

– El semen se compone de espermatozoides (5-10% de la eyaculación) y líquido seminal (90% aprox.)

– Las eyaculaciones pueden variar de un hombre a otro y en un mismo hombre en cuanto a color, olor, cantidad y sabor.

– La cantidad de semen en una eyaculación oscila de 2 a 5 mililitros dependiendo sobre todo del tiempo entre eyaculaciones, siendo esta cantidad equivalente a una cucharadita pequeña.

– El semen contiene principalmente agua, proteínas, minerales, enzimas, zinc, vitaminas, potasio y calcio, entre otros.

– Como hemos visto, la cantidad de semen que se produce en cada eyaculación es pequeña, por lo que tragarlo no va a producir beneficios nutricionales a nuestro cuerpo (como dicen muchos bulos), ya que la cantidad de nutrientes es mínima.

– Tampoco sirve como antidepresivo, ni para que la piel luzca mejor.

– El sabor en general es algo amargo y salado por su contenido en Zinc. Va a variar dependiendo especialmente de la alimentación y hábitos de salud de la persona. Algunas de las comidas que mejoran el sabor son las verduras frescas (ensalada) y frutas como el limón, la piña, naranja, ciruelas, pomelo o arándanos que pueden hacer que el sabor se vuelva más dulce por su contenido en fructosa.

– Hábitos como fumar, beber o comer alimentos ultraprocesados van a afectar de forma negativa al sabor. También alimentos como el brócoli, coliflor, espinacas o espárragos afectan al mal olor y sabor del semen.

– Si hay infección de transmisión genital, tragarse el semen supone un riesgo alto de contagio para la otra persona. Si vais a realizar esta práctica aseguraos mediante una serología completa de que no hay infección.

– Cuando te tragas el semen no te puedes quedar embarazada… aún hay quien lo pregunta…

– Si vais a practicar sexo oral tanto a un hombre como a una mujer y hay riesgo de ITS utilizad preservativo o barreras bucales.

– Por último, si estas pensado si el semen engorda, la respuesta es NO, ya que una eyaculación contiene en torno a las 10-20 kcal.

SEXO EN EL AGUA

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Con la llegada del verano y el calor puede apetecernos cumplir una de las fantasías sexuales más deseadas de esta época… ¡sexo en el agua! Ya sea en la playa, piscina o un jacuzzi. Es una buena opción para no pasar tanto calor y salir de la rutina sexual. Sin embargo, hay ciertos aspectos que tendremos que tener en cuenta si queremos disfrutarlo al máximo.

– Dentro del agua, a pesar de estar en un medio líquido, la lubricación natural que se produce en la excitación se diluye y desaparece, lo que produce una mayor fricción que puede molestar o doler dificultando la penetración. Es recomendable utilizar un lubricante de base de silicona antes de entrar al agua, estos lubricantes son resistentes al agua y duraderos, lo que permitirá disfrutar más de la experiencia.

– Un aspecto a favor es que podremos realizar algunas posturas que nos serían más difíciles o imposibles de practicar fuera del agua, debido a que pesamos menos y esto facilita probar nuevas experiencias y sensaciones.

– El riesgo de embarazo y de Infecciones de Transmisión Sexual es el mismo en el agua, por lo que el preservativo debe usarse si se quiere evitar y no se usa otro método.  El condón debe ponerse siempre antes de entrar al agua con el pene en erección y una vez dentro ir revisándolo porque es más fácil que con los movimientos y el agua se mueva y llegue a salirse o quedarse dentro. El agua del mar no tiene efectos adversos en el látex, sin embargo sí hay riesgo de ruptura en el agua de la piscina por el contacto con productos químicos como el cloro. 

– Las relaciones sexuales no son solo penetración, podemos realizar muchas otras prácticas en el agua como sexo oral, masturbación, besos, tocarse, etc. para ir subiendo la temperatura y dejar la penetración para fuera del agua donde puede resultarnos más cómoda.

MITOS DEL AMOR ROMÁNTICO

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¿Qué es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en el amor?

Cuando empezamos a tener nuestras primeras relaciones de pareja estamos influenciados por la noción del “amor romántico” dominante en nuestra sociedad. Esta visión idealizada del amor, excesivamente romántica y que aprendemos desde la infancia a través de películas, series, canciones, libros, etc.  legitiman la idea de posesión del otro e incluso la creencia de que en el amor hay que sufrir y aguantar cualquier cosa con tal de que la persona amada se mantenga a nuestro lado. Una idea de amor basada en la felicidad solo cuando se tiene pareja y en la estabilidad eterna aún cuando las cosas no van bien.

El amor es como un mito que todo lo justifica y todo lo puede. Estos mitos del amor romántico se basan en la ideología de género, donde el hombre debe proteger a la mujer, otorgando el papel de dominante a ellos y de sumisas a ellas. Si para mantener una relación de pareja tenemos que sufrir o pagar un alto coste, no estamos en una relación sana. Amar no implica sufrir. Además de pareja, somos personas individuales con nuestra metas, proyectos, aficiones, opiniones, etc. que elegimos compartir en un momento determinado con otra persona para construir una vida en común.

Algunos de los mitos románticos son:

Sin ti no soy nada: en las relaciones afectivas saludables cada uno/a tiene también su propia vida y espacio. Elegimos compartir experiencias con una persona que nos aporta y suma también sus propias experiencias, lo cual enriquece a la pareja. No somos la extensión de nadie, elegimos a alguien para compartir un proyecto de vida en común sin por ello perder la individualidad.

El amor todo lo puede: como si fuese la solución a todos los problemas que puedan surgir en la pareja. Creencias como “el amor siempre gana, hay que aguantar y perdonar por amor”, nos hacen quedarnos en relaciones en las que no somos compatibles con la otra persona o lleguemos incluso a tolerar actitudes de maltrato. Creemos que por ese poder del amor, la otra persona cambiará y nos tratará como nos merecemos, sin embargo hay veces que debemos tomar la decisión de alejarnos.

El amor verdadero implica sufrimiento: falsas creencias como “quien bien te quiere te hará llorar” nos llevan a normalizar el sufrimiento en las relaciones. El amor debe sumar, aportarnos cosas nuevas, no anularnos como personas o limitar nuestra vida social. El amor se basa en la igualdad, en el respeto mutuo y nunca en el abuso. En las relaciones se discute y aparecen muchas emociones que debemos aprender a gestionar, no por ello debemos aguantar lo que sea o atacar a la otra persona. Discutir forma parte de la relación y aprender a hacerlo de forma constructiva hace mejorar y crecer la relación.

No se puede ser feliz sin pareja: Tener pareja es una posibilidad más. El amor no puede ser lo único que de sentido a nuestra vida, es una parte más de la vida y no podemos obsesionarnos con la idea de que hasta que no encontremos a alguien no seremos realmente felices. Tener pareja es una elección personal y se puede ser igualmente feliz sin tenerla.

Es mío/es mía: El amor tiene que ver con la libertad y la independencia, el amor no es posesión y por tanto no poseemos a las personas que amamos. Se suele confundir control con amor, cuando no tiene nada que ver. En el amor no hay un dominio de uno/a sobre otro/a, aunque nos apetezca mucho estar con esa persona, también nos apetece hacer muchas otras actividades y estar con otra gente como personas individuales que somos.

Solo hay una media naranja para cada persona: No existe ninguna media naranja (somos 7.500 millones de personas en el mundo) para cada uno/a. Conocemos a  personas con las que decidimos tener una relación en un momento determinado porque nos sentimos atraídas, compartimos gustos y valores, etc. Sin embargo, a lo largo de nuestra vida podemos sentirnos atraídas por muchas otras personas con las que podríamos iniciar una relación. Por otro lado, la idea de que somos medias naranjas, nos hace creer que estamos incompletos y necesitamos encontrar a otra media naranja que nos complete.  Ya somos “naranjas enteras”, personas completas que decidimos compartir nuestra vida con alguien que elegimos según las características que busquemos.

Los celos demuestran amor: Tener celos no es una muestra de amor ni de querer mucho a otra persona. Los celos se relacionan con la falta de autoestima, inseguridades, miedos y dependencia. Cuando estamos con alguien es porque elegimos libremente estar con esa persona, siendo la confianza un pilar fundamental en una relación sana.

El amor verdadero es eterno: cambiemos el “juntos para siempre” por el “juntos hasta que nos queramos”. El amor no tiene por qué durar toda la vida, siendo muy frecuente que las parejas rompan. Elegimos libremente compartir un proyecto de vida con alguien porque nos queremos, pero en algún momento algún miembro de la relación pueden tomar la decisión de no querer continuar y debemos respetarlo.

Por tanto, el amor no tiene nada que ver con estos mitos del amor romántico, EL AMOR ES IGUALDAD, LIBERTAD, RESPETO, COMPRENSIÓN, COMUNICACIÓN, COMPROMISO, NEGOCIACIÓN, ETC.

FANTASÍAS Y DESEOS ¿QUÉ DIFERENCIA HAY?

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El órgano sexual más potente es nuestro cerebro, la mente es la encargada de las fantasías y deseos. Mantener nuestra mente en “clave erótica” nos permitirá enriquecer nuestra vida sexual a solas y en pareja.

Suelen confundirse las fantasías con los deseos. Las fantasías son pensamientos placenteros que pueden excitarnos. Los deseos también son pensamientos placenteros, pero a diferencia de las fantasías sí queremos realizarlos.

Las fantasías la mayoría de las veces no deseamos llevarlas a cabo e incluso se alejan mucho de lo que nos gustaría en nuestra vida real. Por eso mismo son solo fantasías. No tienen límites en la imaginación y nos permiten salirnos de lo prohibido y los tabúes de la práctica erótica. Fantasear es un gran afrodisiaco que podemos emplear en nuestra vida erótica para excitarnos a solas o en una relación real con otra persona. Además, es una gran herramienta para emplear cuando tenemos un bajo deseo sexual, ya que aumenta nuestra libido y por tanto nuestra excitación.

Hay muchas formas de fantasear y fomentar las fantasías:

– Imaginarnos teniendo sexo con alguien: puede ser una persona conocida o no, un amigo, un compañero de trabajo, alguien que acabamos de conocer. Imaginar que haces un trío o que tienes relaciones con alguien de tu mismo sexo (esto no significa que seas homosexual).

– Fantasear con juego de roles: policía, profesora, prostituta, relaciones de dominancia y sumisión, médico, enfermera, etc.

– Recordar una experiencia sexual que ya hayamos vivido y nos haya excitado mucho.

– Fantasías sexuales con todo tipo de prácticas como sexo anal, sexo oral, bondage, etc.

– Fantasear con nuestra pareja teniendo sexo de muy diversas formas y en cualquier sitio que imaginemos.

– Imaginarnos teniendo sexo con gente famosa.

– Recordar algún relato erótico, escena sexual, vídeo porno.

– Etc.

Leer relatos eróticos, ver películas o cualquier otro tipo de material erótico, escribir un diario sobre los pensamientos eróticos que tenemos durante el día, fantasear con lo que nos gusta y excita, etc. ayuda a mantener nuestra mente en “clave erótica”.

Algunas personas tienen la falsa creencia de que si fantaseas es porque estás insatisfecho, no te gusta tu pareja o que estas fantasías no son correctas porque estás “traicionando” a tu pareja, lo que les crea sentimientos de culpa. Fantasear no es malo ni debería producirnos prejuicios o sentimientos de culpa y vergüenza.

Hay quien las emplea para masturbarse y quien también mientras mantiene relaciones sexuales. Fantasear mientras nos acarician, nos besan o mantenemos relaciones sexuales con penetración puede ser un plus de placer, excitación y satisfacción. Potencia y enriquece nuestra vida sexual y nada tiene que ver con “traicionar” a nuestra pareja. Las fantasías son de cada uno y una que las tiene y no tienen porque ser compartidas si no queremos, ni quiere decir que queramos llevarlas a la realidad.

LAS PERSONAS Y PAREJAS QUE TIENEN FANTASÍAS SEXUALES SUELEN TENER UNA VIDA SEXUAL MÁS RICA Y SATISFACTORIA.

Los amantes vienen y van, pero tú puedes mantener un constante idilio contigo misma. Betty Dodson.